Anne Primavesi

Definición

El término ecofeminismo fue acuñado por la escritora francesa Francoise d’Eaubonne y presentado en su libro Le Féminisme ou la mort, (Feminismo o muerte) publicado en 1974. Lo utilizó para un cierto tipo de movimiento ecológico en el que la conciencia de opresión de las mujeres es la principal fuerza motora.

Características
  1. El discurso ecofeminista aúna las visiones feministas y las políticas ecológicas, sobre la base de que hay conexiones entre la dominación de las personas y la dominación de la naturaleza no humana. Toma la crítica feminista de las relaciones humanas y las coloca juntas al lado de las relaciones humanas-no humanas.
  2. Las ecofeministas usan una perspectiva ecológica para señalar la falta de jerarquía en la Naturaleza y contrastan con la comúnmente aceptada presunción de que una especie, la humana, es la encargada de dominar al resto.
  3. El hecho es que los humanos no pueden vivir apartados del resto de la naturaleza. Cada uno de nosotros está internamente relacionado a todos los aspectos de nuestro entorno y esa relación es parte de lo que somos. Inspirando, recibimos. Expirando, devolvemos. Las ciencias naturales nos han proporcionado información sobre el medioambiente global: acerca de la capa de ozono, la lluvia ácida, la deforestación y desertificación y las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Todo ello ahora nos demuestra que la naturaleza no sólo podría vivir felizmente sin nosotros, sino que de hecho, estaría mucho más feliz sin nuestras aportaciones. Al mismo tiempo, estamos comprobando que lo contrario no es verdad: nosotros no podemos vivir al margen de los sistemas de apoyo de la Naturaleza
  4. Las descripciones culturales masculinas de nosotros mismos como “fuera de” o “bajo control de” no sólo de nuestro entorno sino también del de otros seres vivos han sido desafiadas pero no eliminadas. A través de la historia de la humanidad occidental, las mujeres fueron sistemáticamente clasificadas y tratadas como esclavas. Ello salió a la luz con el movimiento público de emancipación de la mujer. Comenzó en América con el movimiento de emancipación de esclavos, a favor del derecho sobre su propio cuerpo, sus hijos y cualquier propiedad que pudieran adquirir. Las mujeres se dieron cuenta de que ellas tampoco tenían esos derechos. La lección se enfatizó en 1840 en la convención mundial anti-esclavitud de Londres. Elizabeth Cady Stanton y Lucrecia Mott, junto con otras delegadas norteamericanas, fueron relegadas a los palcos como “observadoras”. Indignadas, prepararon una conferencia en 1848 en Séneca Falls (Nueva York) para considerar la condición social, civil, religiosa y los derechos de la mujer. Los pueblos indígenas también echaban de menos esos derechos. Hasta 1967 el pueblo Aborigen australiano estuvo clasificado como “flora y fauna”; es decir, como incapaz de salir de la naturaleza para incorporarse a la cultura.
  5. Este menosprecio a las mujeres e indígenas se desarrolló en una cultura secular dominada por la imagen de “nosotros” (o más exactamente, de hombres) como “mentes”; y en una cultura religiosa dominada por hombres que consideraban tanto a su espíritu como su mente controladores no sólo de sus propios cuerpos sino por extensión, del de las mujeres, niños, indígenas y por supuesto, del resto de la naturaleza. Esto nos devuelve al mito de Platón, Timaeus. Su menosprecio de la sensualidad se afianzó con la enseñanza cristiana y alcanzó su punto más bajo con el concepto de pecado supuestamente encarnado en Eva. El pensamiento platónico y el cristiano se funden en el pasaje del Apocalipsis que se lee en la fiesta de Todos los Santos relativo a los 144.000 que se salvarán (Ap. 7:1; 14:1-5) Ap. 14:4 resume el ideal al que todos debemos aspirar. Aún conociendo que lo espiritual está vivo en nosotros sólo donde el espíritu y la materia, mente y cuerpo, forman parte del mismo organismo viviente. Ninguno de los dos aspectos se superpone al otro pues sólo pueden funcionar juntos como un todo.
  6. Hay otro factor en esta historia, la regla del más fuerte físicamente, que enlaza el sometimiento de la mujer con el de la Tierra hasta nuestros días. Yo le llamo ”militarismo económico”. Bismarck describió el militarismo cuando dijo que la única realidad política práctica es el poder y la única fuente de poder es la fuerza física, la capacidad para matar y herir. Esta “capacidad” era, y es cada vez más, exportada desde los países del norte económico a los del sur, la mayoría antiguas colonias suyas.
  7. Para ello servía la fuerza económica tras la colonización europea de otros continentes y su cristianización. Hoy toma la forma de un complejo industrial militar que continua creciendo, consumiendo los recursos en todos los sentidos y dejando en su avance, devastado el medioambiente. De nuevo, las mujeres, los niños, los indígenas, los pobres y sus tierras son las mayores víctimas. El Consejo Mundial de las Iglesias, en sus preparativos para la cumbre de UN de 1992 en Río, sobre Desarrollo medioambiental, hizo explícitas las conexiones entre los temas de su programa: Justicia, Paz y la Creación Íntegra. Sus conexiones a la Tierra fueron ignoradas el programa de la católica romana “Justicia y Paz”
  8. Religiosamente, el modelo de la regla del más fuerte se apoya en el concepto de jerarquía o “regla sagrada” endémica en el Cristianismo y en las instituciones culturales occidentales. Literal y figuradamente, toma la forma de una pirámide o de la “Gran cadena de la vida”. En ambos casos, el Espíritu inmaterial (¡pero masculino!), Dios, o Inteligencia es el pináculo de la fuente de poder. Por debajo de todos ellos, y sometida a estos de arriba está la Tierra.
  9. Las sociedades e instituciones jerarquizadas valoran los seres según dónde están en la pirámide o en la cadena: Dios/Espíritu/Inteligencia en la cúspide y mujeres, niños y la Tierra en la base. Ahí están sometidos religiosa e institucionalmente al poder de arriba, ejercido en el nombre de un Dios Todopoderoso.
Implicaciones

Todos los rasgos anteriores todavía son perceptibles en la cultura actual secular y religiosa. Impactan sobre el autoconocimiento y lo que son considerados opiniones y comportamiento aceptables. El conocido dicho de Dom Helder Camara sirve para ilustrar este hecho:

Esto puede servir como una base metodológica para las críticas ecofeministas:
  • Si trabajo por los derechos de las mujeres, soy una activista de los derechos humanos. Si pregunto porqué las mujeres, niños y esclavos no tienen estos derechos, soy una filósofa feminista.
  • Si levanto albergues para mujeres maltratadas o víctimas de guerra, soy una trabajadora social. Si pregunto porqué se necesitan estos albergues soy una filósofa ética feminista.
  • Si estudio la posición de las mujeres a lo largo de la historia del Cristianismo, soy una historiadora de la Iglesia. Si pregunto porqué han ocupado esa posición, soy una teóloga feminista.
  • Si estudio las interrelaciones entre mujeres, indígenas y movimientos medioambientales, soy una científica social. Si pregunto porqué la relación se ha basado en la devaluación y en la violencia contra los cuerpos de las mujeres y los indígenas y contra el cuerpo de la Tierra, soy una filósofa ecofeminista.
  • Si pregunto todas esas cuestiones y qué papel ha jugado el Cristianismo occidental en esto, soy una teóloga ecofeminista.
El patriarcado, la regla de los Padres, no se sumó a la formulación de la doctrina cristiana. Se inmiscuyó en la formulación de las doctrinas directamente.

Ahora tenemos que afrontar los efectos del patriarcado y el menosprecio religioso de los “cuerpos” no sólo de mujeres, niños e indígenas sino también del cuerpo de la Tierra. Estos efectos son los que hoy nos llegan como “cambio climático”- Ellos convocan al cambio en el clima religioso también.
©Anne Primavesi. No difundir sin el permiso del autor

octubra 2009

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